Seguridad social para empleados: por qué el primer día es el más importante



Hay algo profundamente injusto en empezar a trabajar sin cobertura social

Hay una pregunta que muy pocos empleadores se hacen el día en que reciben a un nuevo integrante en su equipo: ¿qué pasaría si a esta persona le ocurre algo hoy, en su primer día, antes de que hayamos completado los trámites?

La respuesta, en la mayoría de los casos, es incómoda: el empleado enfrentaría las consecuencias sin respaldo, y el empleador vería comprometido su patrimonio y su tranquilidad.

Este no es un ejercicio teórico diseñado para asustar a los empresarios. Es una realidad cotidiana que ocurre en miles de empresas de todos los tamaños, en todos los sectores y en todos los países.

El tiempo que transcurre entre el primer día y la afiliación: un vacío peligroso

En numerosos negocios se acepta sin cuestionamiento una etapa de transición entre el ingreso del trabajador y su inscripción en el sistema de seguridad social. Esa etapa de transición no es inocua. Es un tiempo durante el cual el trabajador está completamente expuesto sin que él lo sepa ni lo haya consentido.

Piénsese por un momento desde la perspectiva del empleado. Ese empleado asume, de buena fe, que la empresa ha hecho lo que la ley ordena. Y esa confianza, cuando no se honra, es una traición silenciosa.

La protección que otorga el sistema de seguridad social no es una recompensa por superar el período de prueba

Este es probablemente el error conceptual más extendido entre los empleadores que postergan los trámites de inscripción. Algunos empleadores consideran que afiliar a un trabajador antes de confirmar su permanencia es un riesgo innecesario.

El ordenamiento jurídico no acepta esa razonamiento. Desde el primer instante en que una persona presta sus servicios a cambio de una remuneración, nace la obligación de afiliación.

No hay norma alguna que autorice a una empresa a poner en riesgo la seguridad de una persona mientras evalúa si merece ser protegida. Y sin embargo, esta práctica persiste. Y eso dice algo importante sobre la cultura empresarial más información que es necesario cambiar.

Lo que se juega un trabajador no leer más afiliado en cada jornada laboral

El sistema de protección social existe para garantizar que ningún trabajador quede desamparado cuando más lo necesita.

Ese sistema responde ante la incapacidad temporal que deja al trabajador sin ingresos por días, semanas o meses. Pero esa red solo funciona si el trabajador está dentro de ella.

Cada jornada laboral sin registro en el sistema es un día en que la familia del empleado vive expuesta sin saberlo.

Un negocio que protege a su gente es un negocio que se protege a sí mismo

Más allá de la obligación legal y del imperativo ético, hay un argumento pragmático que los empleadores más pragmáticos deberían considerar: los negocios que cumplen con sus obligaciones sociales desde el primer día construyen equipos más comprometidos y más leales.

Una persona que sabe que cuenta con respaldo institucional puede concentrarse en sus funciones sin la angustia de la desprotección.

Y cuando alguien toma conciencia de que su empleador no cumplió con un deber tan básico como inscribirlo en el sistema de seguridad social, el vínculo entre el trabajador y la organización sufre un deterioro que ninguna conversación posterior puede revertir por completo.

Garantizar la inscripción oportuna es, en la práctica, más sencillo de lo que muchos empleadores suponen

El mayor impedimento no es la falta de medios sino la falta de prioridad.

Cuando una organización integra la afiliación a la seguridad social como parte esencial de su protocolo de bienvenida, la inscripción deja de ser un pendiente para convertirse en el punto de partida de cada nueva relación laboral.

Registrar al empleado en el sistema de protección social desde el momento en que inicia sus funciones es, más que cualquier otra cosa, un acto de integridad.

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